Un Día para los Peludos: Mi experiencia reciclando con COAAMA

Mi pareja es una colaboradora activa en COAAMA, una admirable corporación de bienestar animal en el Gran Concepción, dedicada a rescatar y rehabilitar perros abandonados y maltratados. A través de su participación, he tenido la oportunidad de conocer a fondo la incansable labor de esta organización sin fines de lucro.

Hace algunas semanas mi pareja me invitó a unirme a una actividad especial que tenía como objetivo reciclar latas para recaudar fondos destinados a los perros que COAAMA cuida en su refugio, cariñosamente llamado “el reino”.

Aunque no soy un miembro activo de la organización, esta experiencia me hizo sentirme más conectado que nunca con su noble misión y me dejó con un renovado sentido de esperanza en la capacidad de la comunidad para generar un cambio positivo.

Esa mañana temprano, bajo un cielo despejado y un sol que prometía calor, nos dirigimos hacia “el reino” de COAAMA, un refugio donde los latidos de cientos de perros rescatados dan vida a un lugar de esperanza y cuidado.

Al llegar, nos encontramos con un grupo diverso de voluntarios, todos con un propósito común: contribuir al bienestar de estos peludos amigos que, lamentablemente, han sufrido abandonos y maltratos. La actividad consistía en tres pasos fundamentales: separar las latas, aplastarlas y empaquetarlas adecuadamente. Cada latita, en sus diferentes tamaños y colores, representaba una oportunidad de cambiar vidas.

Las latas empaquetadas se guardaron en un espacio designado, donde estarían disponibles para que los miembros con vehículos pudieran llevarlas a vender. El dinero obtenido se destinaría a medicinas, alimentos y todo lo necesario para el cuidado de los perritos rescatados por COAAMA.

Es fundamental comprender que COAAMA opera como una corporación sin fines de lucro, lo que significa que su enfoque principal es el bienestar de los animales y la comunidad. Cada uno de los perros que cuidan en “el reino” representa una historia de esperanza y rehabilitación, y su misión se sostiene gracias al esfuerzo incansable de voluntarios y aportaciones generosas. A pesar del arduo trabajo que realizamos durante esa mañana de reciclaje, nos dimos cuenta de que siempre hay más por hacer. Quedaron latas por preparar, y esto nos recordó que la ayuda, tanto en forma de tiempo como de recursos financieros, es siempre bienvenida y necesaria. Cada latita cuenta, y cada voluntario aporta su granito de arena para hacer que la diferencia sea aún más significativa.

Si quieres saber cómo puedes ayudar, te invito a leer este post.

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